Cuando logró recuperar su apartamento, apareció un segundo marido que, con el tiempo, se volvió insoportable y empezó a beber. Tan pronto como consiguió divorciarse de él, gastando una cantidad increíble de dinero y esfuerzo, otra desgracia llegó a la casa de Tatyana: la enfermedad de su hija.
Sin encontrar otra forma de ganar dinero rápidamente, aceptó participar en una subasta en Dubái, donde se vendían jóvenes y mujeres al mejor postor…
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1. Llegada
El avión aterrizó suavemente, pero Tatyana sintió un nudo en el estómago. Al salir al aire cálido y seco de Dubái, fue como si hubiera entrado en otro mundo: un mundo de cristal, oro y peligros ocultos tras sonrisas.
Milana —la chica del tren, no su hija— caminaba con paso firme, sosteniendo su teléfono e intercambiando mensajes cortos con aquel empresario árabe que Tatyana había visto por primera vez en el hotel.
—No te preocupes. La subasta irá bien. Eres muy guapa. Conseguirás un buen precio —dijo Milana guiñándole un ojo.
Tanya se estremeció.
"Precio".
La palabra se le atascó en la garganta como una piedra.
Todo en su interior le gritaba que volviera, que huyera, pero entonces la imagen de su pequeña apareció ante sus ojos, débil, pálida, con esos enormes ojos marrones que siempre preguntaban: "Mamá, ¿me voy a curar? ".
Esta era una razón más poderosa que el miedo.
2. Preparación
Horas más tarde, Tanya estaba de pie frente a un enorme espejo en un salón privado. Dos maquilladores y un estilista se movían a su alrededor con la precisión de cirujanos.
Unas manos delicadas le apartaron el cabello.
Unos dedos extraños le trazaron líneas en los párpados.
El aroma de aceites caros se mezclaba con el olor a nervios.
Tatyana no reconoció a la mujer que apareció en el espejo: sus ojos eran más grandes, sus labios más carnosos, su rostro majestuoso.
— «Princesa árabe», dijo la estilista en inglés, retrocediendo para evaluar el resultado.
Tanya se estremeció.
No es una princesa.
Artículos.
Ella tragó.
– “¿Cuándo es la subasta?”
—Esta noche —respondió Milana—. Y ten cuidado: a los clientes no les gustan las mujeres asustadas. Tienes que parecer tranquila. Tu elegido te proporcionará abogados, documentos, dinero, todo. Y… la medicina para tu hija.
Al oír mencionar a Milana —su verdadera Milana— Tanya apenas pudo contener las lágrimas.
3. La subasta
La subasta se celebró en un salón revestido de mármol y oro. El suelo estaba cubierto de alfombras persas y enormes candelabros de cristal iluminaban todo con una luz suave y cálida.
Mujeres de distintos países permanecían a un lado, esbeltas como maniquíes, vestidas con lujosos caftanes. El ambiente estaba impregnado de perfumes, susurros y expectación.
Tanya era la número 17.
De repente, la multitud se calmó.
Él entró.
El hombre que lo cambiaría todo.
Era joven, alto, de hombros fuertes y rasgos afilados. Vestía una túnica tradicional azul oscuro y una bufanda dorada, símbolo de alto rango. Un susurro recorrió el salón:
—Al -Rashid… el príncipe… está aquí…
Tanya lo entendió: este era el hombre al que las mujeres habían estado preparando durante meses.
El hombre que podía comprar a cualquiera de ellas con solo levantar la mano.
4. El trato
Cuando llegó su turno, Tanya salió, como si subiera al escenario de una vida que no era la suya.
Luces.
Silencio.
Miradas.
No levantó la vista de inmediato, pero sintió que alguien la observaba: una mirada fuerte, insistente y curiosa. Cuando finalmente alzó la vista, se encontró con la mirada del príncipe.
Negro, profundo, frío como el aire nocturno del desierto.
Pero también había algo más en ellos: una especie de irritación, como si intentara ver a través de su máscara.
El subastador comenzó:
noticias-noticias.com
A todos los que reciben pensiones, tenemos noticias IMPORTANTES HOY, 10 de mayo.
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—Candidata número diecisiete. Treinta y un años. Formación en danza. Buen estado de salud. Una hija…
Una hija.
Su voz atravesó a Tanya.
El príncipe arqueó una ceja.
– “Empezamos en 200.000 dólares.”
Las cantidades seguían llegando una tras otra.
250.000…
300.000…
350.000…
Tanya no pudo resistirse y miró al príncipe.
Justo cuando otro hombre rico levantó la mano ofreciendo 380.000...
El príncipe simplemente dijo:
“ Un millón”.
La sala quedó en silencio.
— “Un millón… ofrecido… Por el número diecisiete…”
Nadie se atrevió a pujar.
El martillo golpeó.
- "Vendido."
El mundo se detuvo.
5. La nueva vida
El príncipe la observaba mientras los guardias la conducían al Rolls Royce negro estacionado frente a la entrada.
Tanya caminaba como en un sueño.
Las puertas se cerraron.
El coche arrancó.
El hombre permaneció en silencio un rato, jugando con el anillo que llevaba en la mano. Finalmente, se volvió hacia ella.
—¿Sabes quién soy?
—No… —susurró.
—Soy Amir ibn Saeed Al-Rashid. Eres mi elegida. Pero no mi esposa. Todavía no.
Tanya tembló.
—¿Por qu