Un sencillo gesto de amabilidad en la tienda que siempre recordaré.

Puede que haya ocurrido más tarde. Sin embargo, aquel breve encuentro me marcó. Me demostró que incluso los gestos de amabilidad más pequeños pueden tener un impacto real, y que a veces esos momentos de tranquilidad perduran, moldeando sutilmente nuestra forma de ver a los demás y al mundo que nos rodea.