…Lo saqué y me quedé paralizado.
En la palma de mi mano había un billete de cinco mil dólares doblado por la mitad y un pequeño trozo de papel arrancado de un cuaderno escolar.
"Para los pañales. Cuídate mucho y cuida al bebé.
Abuela Nina."
Mi primer pensamiento no fue de gratitud, sino de desconcierto: "¿Qué es esto? ¿Cree que soy pobre y que pido limosna? ¿O me están filmando en secreto? ¿Algún tipo de experimento para comprobar mi honestidad?".
Sentí que se me ruborizaban las mejillas. Una extraña mezcla de insulto y confusión me invadió el pecho.
La mujer ya se estaba bajando. La vi de espaldas: menuda, encorvada, con un abrigo oscuro, inapropiado para la época del año. Quise gritar: «¡Espere!», pero el autobús arrancó, las puertas se cerraron y la figura de la abuela se perdió entre la multitud.
«¡Qué descaro...!», susurré entre dientes, agarrando el billete. «Darme dinero como si fuera un mendigo».