Me desperté a las dos de la mañana. No por un ruido, ni por una pesadilla, sino por esa sensación subconsciente de que algo andaba mal. 👇

"¿Papá? ¿Pasó algo?"

"Quiero verte, Mira. Mañana. Solo nosotros dos."

—Mañana no puedo —respondió demasiado rápido—. Tengo que estudiar y luego estoy con Martin...

—Mira —la interrumpí con voz firme como el acero—. No te pregunto si puedes. Te digo que te veré. A las doce del mediodía. En ese pequeño restaurante italiano junto al parque. Si no vienes, iré a la universidad a buscarte. Y créeme, no te gustará.

Hubo un largo silencio al otro lado de la línea. Casi podía oírla pensar, dudaba.

—De acuerdo —dijo finalmente. Su voz era un susurro apenas audible—. Estaré allí.

Colgué el teléfono. Había lanzado el guante. Mañana sería el día de la verdad. O eso esperaba. Pero mientras el whisky me quemaba la garganta, no podía quitarme de encima la sensación de estar al borde del abismo, y que cada paso que diera podría ser fatal. No solo para mí, sino también para la persona que más amaba en el mundo.

Capítulo 4