Me desperté a las dos de la mañana. No por un ruido, ni por una pesadilla, sino por esa sensación subconsciente de que algo andaba mal. 👇

—Mira, sé que no estás bien —dije directamente, sin andarme con rodeos—. Sé lo de los mensajes. Ese segundo mensaje... «Yo...». Tú lo enviaste, ¿verdad?

Me miró. Había miedo en sus ojos, pero también una especie de desafío.
«No sé de qué hablas. Ya te dije que debió ser un error».

—¡Alto! —exclamé, a regañadientes. Varias personas en las mesas vecinas se giraron. Bajé la voz a un susurro—. ¡Deja de mentirme, Mira! Soy tu padre. Puedo presentir cuando algo anda mal. ¿Estás en peligro? ¿Él… te está haciendo daño?

Al oír la palabra "él", se estremeció.
"¡No! ¡Claro que no! Martin es maravilloso conmigo. ¡Simplemente te niegas a aceptarlo porque no es de tu mundo!"

Era el mismo argumento que usaba Maya. Era como si lo hubieran hablado entre ellas.